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La cultura de corrupción envuelve a la élite brasileña

El escándalo presidencial ataca el núcleo del sistema del clientelismo, pero los incentivos que estimulan el soborno serán difíciles de erradicar

Joe Leahy y Andres Schipani, Financial Times – 1 de junio de 2017

Cuando el legislador brasileño Rodrigo Loures entró a la tradicional pizzería Camelo de São Paulo a finales de abril no se podía haber imaginado que iba a desencadenar una crisis política tan grave que podría precipitar la caída del presidente del país, Michel Temer.

Bajo vigilancia de la policía federal que investiga la corrupción política en Brasil, el Sr. Loures usó el inodoro antes de salir al estacionamiento donde se reunió con un contacto que conducía un coche deportivo de Maserati, Ricardo Saud, un ejecutivo de JBS, la empresa empacadora de carne más grande del mundo.

Al Sr. Loures se le vio luego arrastrando un maletín con R$500,000 (US$153,000), el primer pago de un supuesto soborno de R$15 millones de JBS para él y el Sr. Temer, según documentos presentados ante el Tribunal Supremo. Sin que el Sr. Loures lo supiera, el Sr. Saud estaba cooperando con la policía como parte de uno de las mayores negociaciones de condenas en la historia de Brasil, la cual involucra a siete altos ejecutivos de JBS, con sede en São Paulo, y su sociedad empresarial J&F.

"Estos hombres estaban haciendo sus negocios sucios aquí", dice un gerente de Camelo. "No tienen vergüenza". Dice que la policía le había dicho antes de la operación encubierta que querían utilizar sus cámaras de seguridad para atrapar a un "pedófilo".

La negociación de condenas de JBS, hecha pública por el Tribunal Supremo la semana pasada, ha puesto al gobierno de centro-derecha del Sr. Temer, quien ha demostrado ser un líder competente a pesar de sus bajos índices de aprobación, en lo que muchos analistas creen que es una espiral de muerte. Los mercados han colapsado conforme los inversionistas, quienes confiaron en las promesas del Sr. Temer de ofrecer un ambicioso programa de reformas para rescatar la mayor economía de América Latina de su peor recesión, vendieron sus participaciones.

Las agencias de calificación han colocado las calificaciones soberanas y corporativas sobre aviso por una posible rebaja y las acciones de JBS, una de las multinacionales más grandes del país, han colapsado. El miércoles, el ejército reprimió las protestas contra el Sr. Temer en Brasilia.

El escándalo de soborno que involucra al Sr. Temer y a JBS ha afectado el núcleo del sistema de clientelismo político y favoritismo corporativo que ha envenenado los esfuerzos del país por alcanzar su pleno potencial.

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Para los fiscales independientes, la policía federal, y los jueces de Brasil, cada vez más atrevidos, la negociación de condenas de JBS representa un nuevo triunfo en sus tres años de lucha contra la corrupción endémica. Una investigación que comenzó con una averiguación en la compañía petrolera estatal, Petrobras, y su mayor grupo de construcción, Odebrecht, se concentra ahora en JBS, uno de los principales beneficiarios de los enormes préstamos públicos subvencionados.

Sin embargo, hay preguntas sin responder como si los espectaculares resultados de estas investigaciones, que han implicado a una gran parte de la élite política, terminarán por desmantelar los corruptos nexos entre el gobierno y las grandes empresas, o si dejarán en su lugar los incentivos que propician los sobornos.

El Sr. Saud, en su testimonio ante los fiscales, dijo que JBS había gastado cerca de R$600 millones en sobornos para 1,829 candidatos que representaban 28 partidos en varias elecciones. De éstos, 167 fueron elegidos a la cámara baja del congreso, 28 al senado y 16 a gubernaturas estatales. Con el Sr. Temer bajo investigación, todos los cinco presidentes vivos de Brasil, el actual y los anteriores, están siendo investigados por corrupción.

"Es una corruptocracia", dice Paulo Sotero, director del Instituto Brasil del Centro Internacional Woodrow Wilson para Académicos, sobre el sistema político de Brasil en el que los congresistas venden sus servicios al mejor postor. "Es completamente egoísta y no tiene nada que ver con los intereses del país. Tenemos que eliminarlo".

Pocos grupos han llegado a resumir este sistema mejor que JBS. Fundada como una pequeña carnicería que atendía a equipos de trabajadores durante la construcción de Brasilia, en la década de 1950, el grupo experimentó un auge durante los 13 años de gobierno del izquierdista Partido de los Trabajadores, o PT. Luiz Inácio Lula da Silva, presidente del Brasil entre 2003 y 2010, quiso construir grandes compañías nacionales siguiendo el modelo de las empresas estatales chinas o el modelo de “chaebol” de Corea del Sur.

A partir de 2007, el banco de desarrollo de Brasil, BNDES, invirtió R$8 mil millones en capital de JBS, acumulando un 21.3 por ciento de participación.

También prestó directa e indirectamente casi R$4 mil millones en créditos parcialmente subsidiados al grupo. Los ingresos de JBS pasaron de R$4 mil millones en 2007 a R$170 mil millones el año pasado. Los dos hermanos que dirigen la empresa, Joesley y Wesley Batista, cotizaron su compañía en la bolsa de valores en 2007. Y luego se embarcaron en un período frenético de adquisiciones. Su sociedad empresarial, J&F, se diversificó hacia el sector de la pulpa y el papel y compró una participación controladora en Alpargatas, la compañía que fabrica las chanclas Havaianas de Brasil.

JBS no fue la única gran compañía que disfrutó del fuerte apoyo del BNDES, cuya cartera de créditos blandos con tasas de interés subsidiadas se expandió casi cinco veces en los últimos 10 años hasta los R$876 mil millones el año pasado. Entre otras se incluyeron Odebrecht, Petrobras, Embraer, el tercer mayor fabricante de aviones comerciales del mundo, e incluso Ambev, la filial brasileña de la compañía cervecera más grande del mundo, AB InBev.

"El gobierno brasileño otorgó en subvenciones mediante créditos del BNDES en los últimos siete años la misma cantidad que EEUU le prestó a Europa durante el Plan Marshall", dice Marcos Lisboa, presidente de Insper, una universidad de negocios.

Sérgio Lazzarini, un autor de libros sobre el capitalismo clientelista en Brasil, dice que los partidos de la coalición en el gobierno pueden ejercer influencia sobre las decisiones de BNDES, Petrobras, las compañías estatales, los fondos de pensiones del sector público "y así sucesivamente".

Pero el verdadero alcance del sistema brasileño de mecenazgo empezó a ser evidente sólo después de que la sucesora y discípula del Sr. Lula da Silva, la ex presidenta Dilma Rousseff, enfrentó en 2013 una ola de protestas sin precedentes contra el gasto del gobierno en los estadios de fútbol para la Copa del Mundo de 2014. Ella reaccionó introduciendo reformas anticorrupción, incluyendo el fortalecimiento de la capacidad de los fiscales para ofrecerles negociaciones de condenas a los sospechosos.

En 2014, la policía federal y los fiscales públicos comenzaron a utilizar estos poderes en lo que se conoció como Lava Jato, una investigación sobre sobornos de compañías de construcción a ex ejecutivos de Petrobras y políticos a cambio de contratos. Después vino una averiguación de Odebrecht, que a fines del año pasado acordó pagar US$3.5 mil millones, lo que hasta entonces fue la mayor multa por corrupción del mundo, tras admitir haber repartido US$788 millones en sobornos en 12 países.

"Esta legislación realmente le da a la fiscalía pública una nueva herramienta súper eficiente para luchar contra la delincuencia organizada", dice Oscar Vilhena, director de la escuela de derecho FGV Direito SP.

La negociación de condenas de Odebrecht por sí sola implicó a una gran parte del congreso y un tercio del gabinete del Sr. Temer, quien llegó al poder el año pasado tras la destitución de la Sra. Rousseff por violaciones presupuestarias en medio de un amplio descontento popular a raíz de la corrupción y la recesión económica.

Entretanto, las investigaciones derivadas de Lava Jato, como la Operación Greenfield, una averiguación sobre presuntos tratos corruptos de compañías estatales de pensiones, comenzaron a atrapar a otros grupos, incluyendo JBS. La empresa empacadora de carne fue acusada también de pagarles a los inspectores de salud en un escándalo a comienzos de este año conocido como Carne Débil.

Conforme comenzaba a cerrarse el cerco, los hermanos Batista decidieron apostar todo mediante la firma de una negociación de condenas con los fiscales y el compromiso de entregar el premio más grande de todos: el presidente Temer.

Tarde en la noche del 7 de marzo de este año, Joesley Batista activó su trampa. Condujo hasta la residencia oficial del Sr. Temer, el Palacio Jaburu, para participar en una reunión en la que ambos conversaron durante 30 minutos, según los documentos del tribunal.

El empresario contó cómo presuntamente estaba sobornando a todos, desde jueces hasta fiscales y un ex presidente de la cámara baja, según una grabación de la conversación hecha por el Sr. Batista. El Sr. Temer pareció balbucear ciertas palabras de aliento antes de supuestamente recomendar que el legislador Loures manejara los problemas empresariales del Sr. Batista, según los documentos del tribunal.

El Sr. Batista se reunió con el Sr. Loures seis días más tarde y le prometió a él y al Sr. Temer el soborno de R$15 millones si podían resolver un contrato de suministro de gas para una de las plantas de electricidad de JBS.

El Sr. Temer ha negado la existencia de irregularidades en la conversación y ha prometido no dimitir. Sus abogados afirman que la cinta de la conversación ha sido editada selectivamente para inculparlo. Pero los analistas dicen que su programa de reforma, cuyo propósito es restablecer las finanzas públicas mediante una reforma del exageradamente generoso sistema de pensiones del país, quedará paralizado mientras él permanezca en el cargo.

Conforme circulan los rumores acerca de quién podría reemplazarlo y cómo, los analistas dicen que Lava Jato está acelerando el colapso de la vieja guardia de políticos que han gobernado Brasil desde el final de la dictadura militar hace más de 30 años.

Pero otros advierten que Lava Jato tiene sus límites. Se necesita la reforma política para cambiar los incentivos que llevan a los políticos brasileños a corromperse. Por ejemplo, la mayoría de los analistas dice que debe haber reglas para evitar la multitud de pequeños grupos políticos en el congreso: Brasil tiene 35 partidos registrados.

El sistema les permite a los políticos oportunistas crear partidos para acceder a los fondos del gobierno que se reservan para los grupos políticos. Luego pueden venderles a los partidos más grandes el tiempo gratuito de televisión que les fue adjudicado durante las elecciones. Una vez en el congreso, algunos pequeños partidos también han extraído sobornos a cambio de apoyar ciertas legislaciones.

El sistema de representación proporcional de Brasil también permite que demasiados políticos entren al congreso sin haber obtenido un importante apoyo popular por sí mismos, dijeron los analistas. La ley, mientras tanto, ha protegido a los políticos corruptos al permitir que sólo el lento Tribunal Supremo los procese por irregularidades en lugar de concederles esa potestad a los tribunales inferiores, más dinámicos.

El Sr. Sotero dice que, sin una reforma política "se podrían poner a 10 Madres Teresa y 200 Papas Francisco en el congreso y dos meses después hasta ellos se habrían corrompido. El sistema crea todos los incentivos erróneos".

La investigación Lava Jato tampoco está exenta de fallas, según los críticos. Después de haber negociado sus condenas, la prensa brasileña informó que los hermanos Batista se habían trasladado a Nueva York, enardeciendo a la opinión pública después de haber evadido la prisión mediante su trato con los fiscales.

JBS también realizó transacciones de divisas antes de la negociación de condenas, presuntamente anticipando una brusca caída del real frente al dólar en medio de preocupaciones sobre el programa de reformas. El regulador del mercado brasileño ha abierto cinco investigaciones de las transacciones, incluyendo una por presunto tráfico de información privilegiada. JBS ha negado irregularidades.

Para los brasileños, estas historias sólo sirven para confirmar su profunda desconfianza de los políticos y las grandes empresas, un factor que será una característica importante en las elecciones del próximo año. Hasta el momento no hay candidatos claros, pero se espera que a los candidatos ajenos a la política les vaya bien. Después de los escándalos de la Sra. Rousseff y el Sr. Temer, los brasileños estarán esperando que surja un gobierno competente y honesto.

En Camelo, en el adinerado barrio de Jardins, donde comenzó el drama de Temer, nadie realmente cree que las cosas van a cambiar. Uno de los clientes termina una pizza y deja una propina sobre el mostrador. "Toma", le dice en broma al gerente. "Puede que no sea como la de los Batista, pero, a diferencia de nuestros políticos, por lo menos te estoy dejando algo adicional".

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