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Compañía brasileña productora de etanol recibe impulso de residuos vegetales

Raízen Energia planea aumentar en cinco veces la producción de su planta de biocombustibles de segunda generación

Joe Leahy, Financial Times – 3 de julio de 2017

Raízen Energia, la mayor compañía productora de etanol de caña de azúcar de Brasil, tiene planes para ampliar la producción en una nueva planta de biocombustible de "segunda generación", una maniobra que aumentará considerablemente la productividad de una de las industrias más importantes del país.

La compañía dice que incrementará la producción en más de cinco veces en un plazo de dos años, haciendo la nueva tecnología competitiva con el etanol tradicional y aprovechando potencialmente millones de toneladas de material vegetal que actualmente se desechan.

Brasil es el segundo productor de etanol en el mundo después de EEUU, y gran parte de su flotilla de vehículos está adaptada para poder funcionar con etanol solamente o con una mezcla de etanol y gasolina. Las gasolineras normalmente despachan ambos etanol y combustibles fósiles.

Aunque varios países están comercializando la celulosa de plantas para su uso como etanol, el desecho de la caña de azúcar, conocido como bagazo, se considera en Brasil una de las fuentes más prometedoras debido a su abundancia y a la gran infraestructura existente para el procesamiento de etanol convencional.

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© Bloomberg

"La tecnología de segunda generación permite extraer más valor de lo que tenemos", dice João Alberto Fernández de Abreu, director general de Raízen Energia.

La planta de Raízen, en Piracicaba, estado de São Paulo, produjo 7 millones de litros de etanol de segunda generación el año pasado y está en camino de duplicar dicha cifra en 2017. El Sr. Abreu dijo que produciría 40 millones para el año 2018.

Esta cantidad es mínima comparada con la de alrededor de 30 mil millones de litros de etanol convencional que se producen anualmente en Brasil, pero sería suficiente para hacer que el producto de segunda generación fuera competitivo en términos de costos y podría demostrar que la tecnología está lista para lanzarse de forma más amplia.

Mientras que las plantas de primera generación transforman la sacarosa que se extrae de la caña de azúcar en etanol, la tecnología de segunda generación utiliza enzimas para descomponer los residuos del tradicional proceso de molienda de la caña de azúcar y convertirlos en azúcares que pueden fermentarse para convertirse en biocombustibles.

El estado de São Paulo, el principal productor de azúcar y etanol de Brasil, produjo 45 millones de toneladas de biomasa al año en forma de puntas y hojas desechadas de plantas, que se dejaban en la tierra.

La mejora de la eficiencia del etanol de segunda generación implica que el biocombustible de caña de azúcar tendrá una menor huella de carbono. Brasil espera que esto les dé a sus exportaciones una ventaja sobre las de sus competidores, ya que los países han acordado reducir sus emisiones de carbono.

Raízen tiene 24 plantas tradicionales de etanol de primera generación y el Sr. Abreu dijo que éstas podrían unirse a siete u ocho grandes plantas de segunda generación para aprovechar todo el potencial de la nueva tecnología.

Esta configuración aumentaría la actual producción de Raízen de más de 2 mil millones de litros en aproximadamente 1 mil millones de litros de etanol, o el 50 por ciento, dijo. Pero el proyecto sólo se le presentaría a la junta una vez que la planta existente estuviera funcionando al máximo de sus posibilidades.

El Sr. Abreu dijo que sería necesario aumentar el tamaño de la planta en alrededor de 2.5 veces, para que alcanzara una producción de 100 millones de litros al año, para lograr "óptimas" economías de escala. La actual planta de segunda generación de Raízen necesitaría sólo 300,000 toneladas de biomasa seca para funcionar a plena capacidad.

"Ahora el reto se relaciona con problemas mecánicos, no con la tecnología. La tecnología está funcionando", dijo el Sr. Abreu.

Además de trabajar en la producción del etanol de segunda generación, Raízen estaba explorando otras formas de usar la caña de azúcar y sus derivados, incluyendo el metano para alimentar su flotilla de cosechadoras y camiones, y los bioquímicos para competir con los productos petroquímicos.

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