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La 'guerra contra las drogas' siembra el temor en Argentina

La inseguridad ha reemplazado a la inflación como la principal preocupación en el país

Benedict Mander, Financial Times

Este mes, después de que una corte federal fuera incendiada en un suburbio problemático de Buenos Aires, se descubrió un mensaje siniestro formado por letras recortadas de un periódico amenazando al gobernador provincial. El mensaje decía “Ándate con cuidado”. Debajo se encontraba una sola palabra: “drogas”.

Miles de millas al sur de México — un país asediado por la violencia provocada por los cárteles de drogas — han surgido crecientes tensiones en Argentina, a raíz de una declaración del Presidente Mauricio Macri a principios de año en la que anunció su intención de librar una “guerra” en contra del tráfico de drogas. Este mes el Sr. Macri envió a la policía fronteriza armada a algunas de las áreas de mayor criminalidad en Buenos Aires.

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© STR/AFP/Getty

La inseguridad ha reemplazado a la inflación como la principal preocupación en el país, gracias en parte al progreso del Sr. Macri en solucionar los problemas económicos que heredó de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Las pandillas de narcotraficantes de Colombia y México han comenzado a usar a Argentina como un punto de tránsito para la exportación de más de 70 toneladas de cocaína al año a mercados en Europa y Asia.

Las tasas de homicidios, alimentadas por conflictos entre los mismos narcotraficantes, se han triplicado en la última década en las áreas de mayor conflicto, como la ciudad portuaria de Rosario.

Existe un creciente consenso de que la “guerra contra las drogas” ha fracasado — un ejemplo es la movida pionera de Uruguay para legalizar el cannabis — y muchos temen que el Sr. Macri, un político de centro-derecha, está cortejando el peligro al adoptar una estrategia militarizada para solucionar un problema mayormente ignorado por su predecesora.

“Es irónico y trágico que Argentina no haya aprendido las lecciones resultantes de este debate regional e internacional y que ahora esté revirtiendo a las políticas militarizadas que han fallado”, dice Coletta Youngers, una profesora becaria en la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos, a quien le preocupa que el nuevo gobierno en Perú tal vez esté cometiendo el mismo error.

Sin embargo, Eugenio Burzaco, el secretario de Seguridad de Argentina, repudia las acusaciones de que su gobierno está librando una guerra contra las drogas, lo cual según él es “un cliché de los años 1980” que “ya no tiene credibilidad”. El Sr. Burzaco culpa al gobierno anterior por no detener a los narcotraficantes que influenciaron a la policía, los jueces y los políticos.

Aunque a veces es apropiado usar a las fuerzas militares en “actividades específicas” como derribar a un avión supuestamente involucrado en el tráfico de drogas — una política adoptada por el Sr. Macri este año — el Sr. Burzaco dice que está en contra de usar a las fuerzas armadas para resolver los conflictos urbanos.

“No ha funcionado en México”, dice el Sr. Burzaco, añadiendo que no es demasiado tarde para evitar que los cárteles asuman mayor control. “Debemos enfocarnos en todas los frentes, no sólo en la demanda y en la oferta de drogas. Requiere una solución integrada”, dice, señalando la amplia iniciativa lanzada en agosto que obtuvo apoyo multipartidista.

Algunos argumentan a favor de un enfoque médico para abordar el problema de las drogas.

“No hay justicia para los pobres”, dice Alicia Romero, quien dirige un grupo de madres que cuidan al creciente número de adictos al “paco” — una forma barata de cocaína que se fuma — que asolan las calles de Buenos Aires como “muertos vivientes”.

La Sra. Romero asevera que el Estado y la sociedad no están interesados en el sufrimiento de estos jóvenes, sólo en el ciclo de violencia creado por el narcotráfico.

Marcelo Bergman, un experto en seguridad, dice que a pesar de su imagen de modernidad, el gobierno conservador del Sr. Macri está ideológicamente predispuesto a abordar las drogas como un problema de seguridad. No se han dedicado recursos para crear programas de tratamiento para los adictos o implementar estrategias para reducir la demanda de drogas, asevera.

“El gobierno ha caído en una trampa. Quiere combatir el narcotráfico pero no tiene los recursos ni la capacidad de actuación policial para lograrlo”, dice el Sr. Bergman. Él dice que, debido a que el gobierno anterior dejó a Argentina sin “los recursos básicos” para controlar las fronteras e incautar las drogas, el Sr. Macri se ha visto forzado a usar a la gendarmería nacional militarizada, y a veces al ejercito mismo, para hacer cumplir la ley.

Alejandro Corda, un abogado que se especializa en la política de drogas, asevera que “ser beligerante es mejor visto que ser innovador”.

“A los políticos argentinos, no sólo los de este gobierno, les gusta asumir una postura combativa en contra del narcotráfico, ya que creen que produce buenos resultados electorales”, dice el Sr. Corda, haciendo referencia a las importantes elecciones de medio término que se llevarán a cabo el próximo año.

Juan Gabriel Tokatlian, un politólogo, dice que lo que está complicando la situación es “una crisis profunda en el sistema de justicia, lo cual ha creado un ambiente de impunidad y corrupción”.

Marcelo Sain, un ex vice ministro de seguridad de la provincia de Buenos Aires, asevera que este gobierno ha continuado con la práctica de sus predecesores de ignorar la situación y permitir que la policía regule el mercado de drogas, con tal de esto asegure que haya paz en las calles.

“No existe un narcotraficante que pueda operar sin el apoyo de la policía en Argentina”, asevera.

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