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Diez reglas para la composición de su resumen de LinkedIn

El resumen de Hillary Clinton nos da dos lecciones de cómo no hacerlo: nada de bromas ni digresiones

Lucy Kellaway, Financial Times

Me ha tomado 13 años y 414 millones de personas han llegado antes que yo, pero la semana pasada por fin me senté a componer mi resumen para el sitio de redes LinkedIn. La belleza de ser un adoptante tan tardío es que todo lo que hay que hacer es hallar una persona que haya dominado este prácticamente imposible estilo de composición y copiarla.

Mi primera parada fue el resumen escrito por una mujer que yo espero pronto sea la más importante del mundo. El esfuerzo de Hillary Clinton dice así.

“Esposa, madre, abuela, defensora de las mujeres y los niños, Primera Dama de EEUU, Primera Dama de Arkansas, Senadora, Secretaria de Estado, amante de los perros, icono del peinado, aficionada al traje pantalón, candidata presidencial 2016”. ¿Se trata de una parodia? ¿Cree en realidad la ex Primera Dama que su papel de abuela (de las cuales hay aproximadamente 35 millones en EEUU solamente) es más interesante para los miembros de LinkedIn que su candidatura a la Casa Blanca? Y en cuanto a los perros y los trajes pantalón, entiendo que está tratando de ser humorística, pero no funciona. No copiaré a la Sra. Clinton, pero me ha enseñado mis primeras dos lecciones: ni chistes ni digresiones.

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Después, traté a Reid Hoffman. Ya que fundó LinkedIn, debía saber hacerlo de veras. Su resumen empieza: “Todos los aspectos de Internet y software para el consumidor. Enfoque en el desarrollo de productos, estrategia comercial, y finanzas, pero incluye administración general, operaciones, operaciones de negocios, desarrollo de negocios, administración de talento, y mercadeo”. Me dejó perdida después de la primera docena de palabras, pero por lo menos me dio la lección número tres: no ser aburrido.

Después de eso, estaba saltando de un perfil a otro y descubrí que nadie tiene ni idea de cómo escribir uno. Algunos resúmenes son maximalistas, otros minimalistas. Ahí está Arianna Huffington rellenando uno que ya es bastante largo con un párrafo que lista todos los programas de televisión donde se ha presentado, desde Charlie Rose a The O’Reilly Factor. Aquí hay otra lección: no ser inmoderado.

El de Bill Gates, por otra parte, es corto. “Codirector de la Fundación Bill y Melinda Gates. Director, Microsoft Corporation. Lector voraz. Ávido viajero. Bloguero activo”. Enseña la lección número cinco: uno tiene derecho a mencionar sus aficiones si, como el Sr. Gates, los ha convertido en su vida.

No sólo no hay acuerdo en la longitud, tampoco lo hay en algo aún más básico: ¿primera o tercera persona? Casi todas las grandes figuras de los negocios van con la tercera, pegando sus biografías oficiales: “Jack Welch es uno de los directores ejecutivos más respetados y celebrados del mundo, conocido por su historial inigualable de éxito, su enorme amor por la gente, su feroz pasión por ganar, y su desenfrenado deseo por mejorar el mundo...” Del antiguo director de GE, saco las lecciones seis y siete. La tercera persona es demasiado formal para un sitio de redes sociales. Y fanfarronear así no sólo es flagrante, es prácticamente fraudulento. ¿Historial inigualable? ¿Enorme amor por la gente? ¿Dice quién?

David Cameron, en contraste, va con la primera persona. “Llegué a ser Primer Ministro después de las Elecciones Generales de mayo 2010”, comienza con sencillez, terminando con: “Estoy casado con Samantha y tenemos tres niños pequeños, Nancy, Elwen y Florence”.

Esto establece la regla número ocho, la cual dice que uno sólo puede referirse a su familia en LinkedIn si uno es Primer Ministro, en cuyo caso, los desafortunados esposa e hijos son parte del paquete. Si no, mejor dejarlos fuera.

Todas estas personas famosas lo tienen fácil, pues ya sabemos quienes son, mientras los demos tenemos que destacarnos. Steven Burda, un asesor desconocido, se convirtió en el hombre más conectado del sitio en el 2013 basado en un resumen que decía: “Yo muevo montañas... Un día me apoderaré del mundo. Nada me es imposible”. Esto lleva a la regla número nueve. Muchas de las personas en LinkedIn tienen que ser anormales.

De lo único que estoy seguro es el titular; yo simplemente voy a usar mi título en Financial Times. A quien piense que esto es demasiado insípido, lo dirijo a este horror compuesto por un banquero de Lloyd’s: “Arreglador Plantador con fuertes comportamientos de Negociante Adaptado”.

En cuanto a lo demás, todavía estoy mordiendo el lápiz. Pero eso podría ser porque no sé para qué es el sitio en realidad. Algunos lo usan para encontrar trabajos. Otros lo usan para conectarse, pero algunos ni siquiera hacen eso. Michael Dell concluye su resumen oficial en tercera persona con la súplica en primera persona: “Por favor no pida conectarse conmigo a menos que nos conozcamos o hayamos trabajado juntos”.

Para él, el sitio no es para conectarse, sino para establecer superioridad. En ese caso, hay una forma mejor de hacerlo: darle de lado. Declinarse a estar en LinkedIn es una posición ocupada por la Reina, el gobernador del Banco de Inglaterra, Philip Green, Warren Buffett, el Papa, el director del Financial Times y — un hombre que yo sinceramente espero que no se convierta dentro de poco en el más importante del mundo — Donald Trump.

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