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Los Socialistas de España y el malestar en la izquierda europea

Ningún otro partido ha desempeñado un mayor papel en la formación de la España de hoy, pero actualmente está en ruinas

Tobias Buck, Financial Times


Hubo un tiempo, no hace mucho, en que los Socialistas de España eran algo más que un partido. Eran el centro de gravedad de la política del país.

El Partido Socialista Obrero Español, o PSOE, era exactamente el que representaba al votante promedio: justo a la izquierda del medio. Apoyaba el progreso social, el estado del bienestar, a Europa y la modernidad, triunfando en cuatro elecciones consecutivas en las décadas de 1980 y 1990, y otras dos en este siglo. Representaba la diversidad del país, y se ganó a los votantes en la pobre Andalucía en el sur, y en la rica Cataluña en el norte. Ningún otro partido ha desempeñado un papel tan importante en la formación de la España actual.

Hoy yace en ruinas. El sábado, Pedro Sánchez fue destituido como líder del PSOE tras perder una votación en el comité federal del partido. Su renuncia se produjo después de una intensa batalla con una poderosa alianza de barones regionales y los representantes poderosos del PSOE. Sus detractores lo responsabilizaban de una cadena de derrotas en las urnas y lo acusaban de prolongar el estancamiento político de España para su beneficio personal. Sus seguidores denunciaron lo que consideraron un golpe ilegítimo contra un líder elegido por las bases del partido hace tan sólo dos años.

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Pedro Sánchez, ex candidato socialista a la presidencia del Gobierno de España © Reuters

La lucha de los Socialistas encapsula el gran dilema político que enfrenta la democracia social actualmente en Europa: cómo hacerle frente a la fragmentación del tradicional apoyo de la centro-izquierda y el repentino aumento de una alternativa antisistema más radical.

En este caso, la cuestión adoptó una forma inusualmente directa. Desde las inconclusas elecciones generales de diciembre pasado, el PSOE ha intentado evitar una decisión que ya no puede aplazar: aliarse con su nuevo rival de izquierda, el partido antiausteridad Unidos Podemos o con su antiguo rival de derecha, el Partido Popular (PP).

Se trata de una opción que va mucho más allá de la táctica electoral. ¿Debería la centro-izquierda ser parte de la corriente política, y utilizar su fuerza parlamentaria para mantener a raya a los extremistas políticos? ¿O debería convertirse en una fuerza perturbadora, que canalice la frustración de los jóvenes y los desempleados, dispuesta a desafiar el sistema político y empresarial? ¿Debería, en otras palabras, virar hacia la derecha o hacia la izquierda?

Lamentablemente para el PSOE, no hay ningún modelo exitoso que pueda seguir. Los socialdemócratas de Alemania optaron por la ruta del sistema, en favor de la estabilidad y ahora languidecen con el 20 al 25 por ciento de los votos. El Partido Laborista de Gran Bretaña fue en la dirección opuesta, y permanece muy por detrás de los conservadores gobernantes en casi todas las encuestas. El liderazgo carismático y los errores de la derecha significan que el panorama dista mucho de ser uniforme en toda Europa. Pero el dilema es real.

Los Socialistas de España se encuentran en un estado lamentable: divididos, confundidos y sin liderazgo. Los funcionarios están de acuerdo en que el partido no se encuentra en posición de luchar en una próxima elección general. Se especula ampliamente que los jefes interinos del PSOE permitirán, en última instancia, que un gobierno minoritario conservador dirigido por el primer ministro Mariano Rajoy asuma el cargo.

Para que esto suceda, los Socialistas han de abstenerse en el parlamento, una concesión que el Sr. Sánchez se negó a hacer hasta el final.

El depuesto líder pensó que tenía una estrategia ganadora. Quería atraer nuevamente a los votantes indecisos de Podemos demostrándoles que pueden confiar en que el PSOE se oponga al PP siempre; que no había necesidad de otro partido izquierdista más intransigente. Pero subestimó la fuerza del ala centrista de su partido, y pagó el precio. Por supuesto, la estrategia de sus rivales podría ser igualmente errónea. Los líderes de Podemos están salivando ante la idea de una alianza entre el PP y los Socialistas. ¿Acaso no nos dijeron todo el tiempo que no había ninguna diferencia entre los dos partidos establecidos del país?

El Partido Socialista de España fue fundado hace 137 años. Sobrevivió la guerra, la represión, el escándalo y la amarga derrota electoral. Y sobrevivirá también la crisis actual. Sin embargo, el desafío político subyacente es tan grave como cualquier reto que el partido ha enfrentado en su historia.

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