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Los robots son mejores inversores que las personas

El mayor peligro no radica en hacerle caso a un "robot-asesor", sino en comportarse como un ser humano emocional

John Gapper, Financial Times

Esta semana, Goldman Sachs adquirió una pequeña empresa de tecnología financiera en Texas llamada Honest Dollar, la cual establece planes de pensión para pequeñas empresas y trabajadores autónomos. Los constructores y conductores de taxi no son exactamente el grupo habitual de clientes de Goldman, así es que esto representa una señal de la revolución en la gestión de activos.

Honest Dollar es una empresa perteneciente a una nueva generación de "robo-asesores" — a pesar de que no le gusta ser etiquetada como tal — que ofrecen una versión barata y automática de algo que solía llevar mucho tiempo y costar mucho dinero. En lugar de que un costoso asesor escoja las acciones y los bonos en los que los ahorradores deban invertir, una computadora hace un trabajo más sofisticado con sólo tocar un botón.

El secreto detrás de la asignación de activos ha sido revelado. Una computadora con acceso a una selección estándar de fondos indexados y de fondos negociados en la bolsa (ETF, por sus siglas en inglés) puede rápidamente concebir una estrategia de inversión a largo plazo adecuada para la mayoría de las personas.

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Para la mayoría de los inversores, un robot va a desempeñarse tan bien como cualquier ser humano

Tú seleccionas el umbral de riesgo en una escala del 1 al 10, pones tus ingresos y tu horizonte de inversión. El robot sugiere una mezcla de acciones estadounidenses y de mercados emergentes, algunos fondos de bonos corporativos y gubernamentales, y una porción de dinero en efectivo. Et voilà!

Las empresas "startup" de robo-asesoramiento — como Betterment y Wealthfront en EEUU, y Nutmeg en el Reino Unido — están creciendo rápidamente. Ellas les ofrecen a los inversores facilidad y simplicidad a un muy bajo precio, frecuentemente a un cuarto de los honorarios que cobraría un asesor de inversiones de Morgan Stanley o de Bank of America Merrill Lynch.

Pero no hay que sacar conclusiones apresuradas, declara la gente en la industria de gestión de patrimonio, incluyendo James Gorman, director ejecutivo de Morgan Stanley. Los robots aplican el sentido común en una manera fácil de usar, pero esto no es lo mismo que dar consejos sofisticados. "Alguien que pueda lidiar con una serie de decisiones complejas ... eso no va a desaparecer", declaró el Sr. Gorman durante una conferencia del New York Times en noviembre.

No, no va a desaparecerle a quienes pueden pagarlo. Si tú tienes US$5 millones para invertir; una empresa familiar para vender en algún punto; una herencia que considerar; un ex cónyuge que mantener; y un temor persistente de que tus logros terrenales algún día se convertirán en polvo, es probable que necesites un asesor financiero. Si tú tienes US$50 millones y casas en tres continentes, es posible que desees un banquero privado suizo.

En tales casos, pagarle a alguien en quien confías una comisión del 1 por ciento para que te aconseje acerca de cómo crear fideicomisos familiares; de cómo asegurarte a ti mismo plenamente; de cómo evitar pagar impuestos excesivos; y de cómo poner tu dinero a trabajar mientras que reduces el riesgo al mínimo, vale la pena. El asesor puede incluso ganarse la comisión por persuadirte a no actuar estúpidamente cuando estés en un estado de pánico.

Vanguard — el grupo de gestión de activos que se especializa en el tipo de fondos indexados que los robo-asesores generan — cuenta con una interesante pieza de investigación para hacer que los asesores humanos todavía se sientan útiles. Ésta afirma que un asesor puede añadir un 1.5 por ciento a los rendimientos de inversión anuales de un cliente mediante el "asesoramiento conductual". Esto significa lograr que los clientes no persigan tendencias pasajeras o que no se retiren de las inversiones cuando bajan temporalmente.

Los asesores y los bancos privados también proporcionan una sensación de bienestar y de seguridad de que alguien está velando por tus intereses y evitando el caos. Tales beneficios son tanto emocionales como financieros.

Sin embargo, nada de esto le resta validez a la cuestión principal: para la mayoría de los inversores, un robot va a desempeñarse tan bien como cualquier ser humano. El tradicional modelo de la industria — en el cual una persona maneja tanto la asignación de activos como el asesoramiento más complejo — ha llegado a su final. Los robots son más expertos en la asignación de activos de lo que los asesores jamás lo hayan sido.

Imagínate a un cliente rico sentado en su porche en la década de 1970 mientras que un asesor financiero le dice que invierta dinero en atractivas acciones de las "Nifty Fifty" (las cincuenta acciones favoritas de los inversores institucionales) como Coca-Cola (buena) o Polaroid (mala). Actualmente, sus nietos pueden tener acceso diversificado a miles de acciones y bonos globales a través de ETF mientras que usan una robo-aplicación en un teléfono móvil, y terminan estando en una mejor posición.

Esta revolución de la tecnología no fue inventada por los robo-asesores. Ellos simplemente han notado, y aprovechado, un cambio más amplio y más profundo hacia la inversión pasiva a través de ETF y fondos indexados. Tales fondos imitan los movimientos generales del mercado en lugar de depender de los seres humanos para que seleccionen acciones y bonos individuales. Eso elimina capas de costos, permitiéndoles a los robo-asesores que automaticen todo el proceso, desde la asignación de activos hasta la compraventa de acciones.

Mientras que un individuo invierta de manera constante y consistente durante un largo período — el tipo de comportamiento que un buen asesor inculcaría — el robot puede administrar el dinero de forma inteligente. El mayor peligro no radica en prestarle atención a un robot sino en el ser, básicamente, humano: comportarse emocional y caprichosamente.

La conclusión lógica es que la mayoría de los inversores estarían en mejor posición si los robots no sólo pudieran manejar su asignación de activos, sino que también confiscaran sus ahorros y rehusaran entregárselos de vuelta hasta que las inversiones se hubieran vencido. Las personas a quienes los robots les privaran de capacidad de elección no necesitarían asesores para guiarlos.

Eso no ocurrirá hasta que los robots se rebelen, por lo tanto los ricos continuarán empleando asesores. Otros no pueden pagarlos, pero ahora pueden emplear una máquina. A diferencia de Morgan Stanley y de Merrill Lynch, Goldman carece de una red de asesores de patrimonio. Pero sí tiene una buena cantidad de computadoras y claramente ha reconocido una oportunidad.

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