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Las cifras económicas argentinas son las mismas, pero Macri ha alterado percepciones de inversión

Benedict Mander, Financial Times

Sólo 10 meses después de haber iniciado la presidencia de Mauricio Macri, están surgiendo inquietantes similitudes entre sus políticas económicas y las de su predecesora, Cristina Fernández de Kirchner.

Si se echa a un lado el discurso sobre modernización de la nueva administración favorable a los negocios que se ha ganado el respeto de los inversionistas internacionales — a diferencia de la retórica beligerante de la Sra. Fernández — la esencia de la política económica sigue siendo la misma, según los críticos.

Sobre todo, los detractores señalan un abultado déficit fiscal que está demostrando ser increíblemente persistente. De cara a las importantes elecciones legislativas de mitad de período del próximo año, las cuales le brindarán al Sr. Macri una oportunidad para consolidar su programa de reformas, se espera que aumente el gasto. La gran pregunta es si después de la votación, con sólo dos años restantes hasta las próximas elecciones presidenciales, habrá excusas para un nuevo ciclo de gasto impulsado por la política.

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Mauricio Macri © AP

Una segunda preocupación es la fortaleza del peso. Argentina ha perdido todas las ganancias en competitividad desde que ocurrió una abrupta devaluación después de que se eliminaron los controles de divisas en diciembre. Este año, el peso se apreció en términos reales en un 11 por ciento, gracias a la inflación que se espera alcance el 40 por ciento en 2016.

Mientras sean necesarias las altas tasas de interés para estabilizar la inflación — que está empezando a disminuir conforme un régimen creíble tiene como objetivo una inflación inferior al 17 por ciento en 2017 — probablemente el peso seguirá sobrevalorado. Eso a su vez complicará la captación de inversión extranjera.

Los tímidos inversionistas ya han sido perjudicados varias veces. Casi cada década durante los últimos 50 años, los nuevos gobiernos han llegado triunfalmente prometiendo restaurar la prosperidad que Argentina una vez disfrutó como uno de los países más ricos del mundo hace un siglo. Entonces, ¿por qué deberían creer que esta vez realmente será diferente?

Para muchos, se trata de lo que la nueva administración está haciendo para fortalecer las instituciones y el estado de derecho. Se ha restablecido la independencia del banco central, el Instituto Estatal de Estadística está produciendo números creíbles después de años de manipulación, y el gobierno finalmente está pagando sus deudas de nuevo, después de 14 años de impago.

Esas medidas están encaminadas a recuperar la confianza del mercado, la cual es muy importante para el gobierno tecnocrático del Sr. Macri que realmente cree que la inversión privada y una economía abierta son las claves para reactivar el crecimiento. En contraste, las medidas proteccionistas de los Kirchner asfixiaban los negocios, y no les importaba la opinión de los banqueros de Wall Street.

Una distinción más sutil entre el Sr. Macri y los Kirchner se puede apreciar en el manejo del déficit fiscal, a pesar de su tamaño similar.

Primero, el nuevo gobierno está financiando el déficit con deuda. Es lo suficientemente afortunado como para poder hacerlo, pues está enormemente infraendeudado tras más de una década de ausencia de los mercados internacionales de capital. El gobierno anterior, que no podía recurrir a préstamos del exterior, simplemente recurrió a imprimir dinero, con desastrosas consecuencias para la inflación.

En segundo lugar, el gasto ahora es más eficiente. En lugar de invertir dinero en subsidios insostenibles de los servicios públicos tales como electricidad, gas, agua y transporte, el Sr. Macri se está enfocando en el gasto en infraestructura pública para reactivar la economía.

Cuando el Sr. Macri fue elegido como presidente el año pasado, hubo una oleada de euforia pues muchos argentinos creyeron en la retórica de su campaña sobre cambiar el país para bien. Por ahora, la mayoría de los argentinos siguen prefiriendo otorgarle el beneficio de la duda. Después de todo, si él no tiene éxito, aún puede pasar un tiempo antes de que el país tenga otra oportunidad como ésta para reinventarse.

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