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La sombra de Castro se desvanece en América Latina

El legado del revolucionario cubano en la región es ambiguo y cada vez más débil

John Paul Rathbone, Andres Schipani y Joe Leahy, Financial Times Newspaper

En Cuba, casi tres días después de la muerte de Fidel Castro, se siguen escuchando un sinfín de elogios en los medios de comunicación estatales, aún rige la ley seca y hay un embotado sentimiento de shock en las inusualmente tranquilas calles de La Habana. Las banderas están ondeando a media asta, con excepción a la bandera de la Embajada de EEUU.

Pero en América Latina, el destino para muchos de los intentos por exportar la revolución de Castro, los sentimientos encontrados han sido expresados más abiertamente, hasta con oscuro júbilo. En Venezuela, el aliado más cercano de Cuba, los opositores al gobierno socialista reenviaron un mensaje de la cuenta oficial de Twitter del fallecido comandante Hugo Chávez. Decía: "Aquí estoy, esperando a Fidel".

El legado de Castro en la región es ambiguo y se ha ido desvaneciendo. En el norte, el presidente electo Donald Trump puede agravar el impacto de la muerte de Castro al revertir el acercamiento iniciado por Barack Obama entre EEUU y Cuba. El lunes, el Sr. Trump indicó que pondría fin al acuerdo si Cuba no renegociaba con mejores términos para EEUU. "Si Cuba no está dispuesta a mejorar el acuerdo para el pueblo cubano, los ciudadanos cubano-americanos, y EEUU en su conjunto, pondré fin al acuerdo", escribió el Sr. Trump en Twitter.

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© Getty

Al sur, la muerte de Castro llega cuando varios tardíos florecimientos de rebeliones nacionalistas populares que él ayudó a inspirar también están desapareciendo. De la llamada "marea rosa" de líderes de izquierda que arrasaron América del Sur durante este siglo, Dilma Rousseff en Brasil fue destituida y Cristina Fernández y el kirchnerismo en Argentina perdieron en las urnas.

Otros como Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y Nicolás Maduro en Venezuela se enfrentan a una creciente oposición a medida que la región ha oscilado de las políticas de izquierda hacia el centro tras el fracaso del auge de las materias primas que financió sus administraciones populistas.

La Sra. Rousseff, en una entrevista con el FT poco antes de la muerte de Castro, asumió una visión filosófica sobre este desvanecimiento en una región vista como un bastión de la izquierda desde hace mucho tiempo. Como escribió el historiador británico, Eric Hobsbawm, en 1960, incluso más allá de la "entrañable" promesa de Cuba, hay "un continente que aparentemente borbotea con la lava de la revolución social".

Los movimientos de izquierda son "igual que las mareas del mar", dijo la Sra. Rousseff. "En este momento, la marea ha desaparecido, pero en poco tiempo volverá con mayor fuerza". La Sra. Rousseff fue destituida tras ser acusada de manipular cuentas públicas en medio de un escándalo de corrupción multimillonario en Petrobras, la empresa estatal de energía.

El legado de Castro en las Américas puede verse de manera más tangible en la decadencia de La Habana, y su contraste con los brillantes rascacielos y prosperidad de Miami, una ciudad que surgió de la obra de más de 2 millones de cubanos que huyeron la revolución de 1959.

Políticamente, la influencia que una vez tuvo sobre la región también se ha convertido en una sombra desvanecida. Castro llegó al poder a través de una revolución armada, pero más tarde rechazó ese enfoque y optó por las urnas, aunque sólo para la política fuera de Cuba, que tuvo elecciones libres por última vez en 1948.

"Al final de sus días, Fidel Castro reconoció que la lucha armada no era el camino", dijo Juan Manuel Santos, el presidente de Colombia, en agradecimiento por el papel que La Habana ha desempeñado en las conversaciones de paz con las FARC, la mayor guerrilla marxista de Colombia.

El impacto de Castro en las actitudes a largo plazo es más difícil de evaluar. Para algunos, sigue siendo un icono perdurable de resistencia, incluso entre los no izquierdistas. El líder del partido centrista PMDB de Brasil, Aécio Neves, lo describió como "sin duda uno de los más grandes líderes de nuestro tiempo".

En México, el poco ortodoxo populista Andrés Manuel López Obrador también elogió a Castro. Los analistas creen cada vez más que el Sr. López Obrador, o AMLO como se le conoce, es un fuerte contendiente para la presidencia mexicana en las elecciones de 2018, haciendo campaña como un líder fuerte y nacionalista frente al "EEUU Primero" del Sr. Trump. "Creo sin duda que AMLO podría ser el próximo presidente de México", dijo el ex canciller mexicano Jorge Castañeda.

"Reconocemos a aquellos que luchan por la dignidad, por la independencia de su pueblo", dijo el Sr. López Obrador en una reunión de fieles de su partido este fin de semana. "Para nosotros, el comandante Castro fue un luchador social y político de gran estatura".

Para muchos latinoamericanos, sin embargo, Castro fue un intimidante tirano, una figura revolucionaria exótica fácil de idolatrar desde lejos, pero alguien cuyo legado en casa hace frente a escrutinios. En México, Margarita Zavala, una conservadora candidata presidencial, escribió en Twitter: “Que el nuevo amanecer en Cuba traiga la democracia y las libertades negadas durante generaciones”.

En Brasil, Héliio Schwartsman, un destacado columnista de Folha de S.Paulo, fue aún más incisivo. Dijo que era imperdonable que Castro hubiera continuado con el comunismo cuando estaba claro que el sistema había dejado de funcionar tras la caída del Muro de Berlín.

"Al ignorar lo obvio, prolongó por lo menos dos décadas la existencia de un régimen de asesinato de libertades y sometió a los cubanos a privaciones innecesarias", escribió el Sr. Schwartsman. "Es por esto que pienso que la historia tendrá dificultades para absolverlo".

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